Distinguir entre objetividad y opiniones

En un mundo saturado de información, distinguir cual resulta más objetiva, puede ser una actividad que no quepa en nuestras apretadas agendas. Más aún cuando noticias y opiniones se mezclan como una. Otras veces parece que nombrar alguna fuente es sinónimo de credibilidad.

Nuestro propio pensamiento está dotado de algunos heurísticos (atajos) que constantemente nos hacen llegar a conclusiones apresuradas, incluso en contra de las evidencias.

El rápido y vertiginoso foco de atención que necesitamos, para manejarnos en nuestro día a día en las redes sociales, parece no contribuir a los segundos de reflexión que algunos eventos reclaman. Es así, como en ocasiones nos quedamos sólo con un titular que, en realidad no aclara nada. No nos hacemos preguntas, simplemente pasamos a lo siguiente.

Todo lo anterior, se suma al pensamiento autoritario que exhiben portavoces de turno, para delinear la franja de pensamiento conveniente para los personajes de alguna trama.

Dimensionamiento y esferas.

El universo que abarca este tema, es tan amplio como ramas del saber existen en la humanidad. Por ello, para estrechar el cerco y además ceñirme a mi profesión, voy a tratar el tema desde la psicología. Porque si un psicólogo o psicóloga no es capaz brindar psicoeducación en objetividad, ¿Cómo piensa librar a sus pacientes de pensamientos irracionales, errores de conceptos, esquemas de pensamientos disfuncionales y sesgos cognitivos?
 
La objetividad es una cualidad, por tanto, se puede entrenar. Con práctica y esfuerzo consciente, mejora significativamente como capacidad y herramienta fundamental de nuestro criterio y sentido común.
 
La objetividad debería facilitarnos poder describir o percibir la realidad tal como es, de forma imparcial, neutral y sin la influencia de sentimientos, opiniones, prejuicios o intereses personales. Para ello debemos basarnos en hechos verificables y datos concretos.
 
En mi práctica clínica, me encuentro en ocasiones con personas que, al solicitarle datos concretos o pruebas de lo que afirman, aportan opiniones, asegurando que dichas opiniones o comentarios de terceros son una prueba en sí misma. Y ahí podemos despedirnos de la objetividad.

¿Cómo llegamos allí? Identificamos lo que pensamos.

Pensamientos irracionales

La herramienta en psicología, para alcanzar objetividad, es el método científico. Constituye un conjunto de enfoques y formas de actuar que nos permiten contribuir al avance de la ciencia y a la generación de conocimiento objetivo (lo más objetivo posible) de la realidad, tratando de dar respuesta a las interrogantes.

Pero esto es para la psicología. ¿Y para las y los pacientes? No se puede pedir aplicar el método científico para llegar a conclusiones sobre todo lo que pensamos, leemos, escuchamos o vemos. Para ello es más útil ser selectivos (no tenemos que librar todas las batallas).

Por ejemplo, ¿tendríamos que invertir tiempo en investigar la objetividad de la frase “la tierra es plana”? Yo recomendaría que no, sin embargo, el tiempo es un bien a invertir como mejor le parezca a cada uno.

Desde la psicología a mi me apasionan más pensamientos del tipo: “ella no aprecia todo lo que hago por su familia” o “siempre me tratan como a un don nadie” o “el mundo enloqueció y nos vamos todos al mismísimo cuerno”. O por poner otros ejemplos “todas mis relaciones de pareja han sido un verdadero fracaso” o “yo siempre he sido así y no creo que ahora vaya a cambiar”. También podría poner ejemplos como “no creo que el sistema esté hecho para personas como nosotros” o “nunca consigo aquello que me propongo”.

Psicología Cognitivo Conductual

¿Nos hacemos las preguntas convenientes?

Difícil distinguir la objetividad en una noticia si no hemos cultivado el deber de la objetividad a nuestros propios pensamientos. De una u otra forma, parece que nos hemos convencido que tener la razón es el objetivo central, cuando el objetivo debería ser la objetividad. Algo así como “para empezar a vernos necesitamos primero abrir los ojos, aunque sea un poco”.

Para objetivar algo lo primero que debemos entender es que el fenómeno deber ser observable. Un pensamiento no es observable, sin embargo, en psicología a través de algún cuestionario, se puede medir un constructo (una idea teórica). Ejemplos: el nivel de aprecio que una persona siente sobre las acciones de otra en un determinado ámbito; el significado del calificativo “don nadie” y el grado de intencionalidad de las personas en ofrecer o dar este tipo de trato; niveles de funcionalidad en las relaciones de pareja o áreas problemáticas; capacidad de cambio (estado/rasgo), entre otros.

Mediante ítems (preguntas o afirmaciones) que operacionalizan dichos conceptos, se busca la validez del constructo para asegurar que mide lo que dice medir y a través de escalas y análisis estadísticos se puede llegar a conclusiones.

Pero nuevamente, esto es en psicología. A efectos de nosotros mismos nos bastaría con analizar lo siguiente. Del pensamiento “ella no aprecia todo lo que hago por su familia” bastaría con preguntarnos ¿Qué prueba tengo de esto? ¿He medido el nivel de aprecio que ella siente por cada acción que yo de forma subjetivo considero que va dirigida hacia su familia? ¿He definido el constructo aprecio en este ámbito?

Con la práctica podremos ver cada vez de forma más fácil cuando la subjetividad se cuela en rincones que rompen mi estado de ánimo y además crean desarmonía en mi entorno.

No siempre resulta fácil observar lo que estamos pensando, pero si nos concentramos en ello, justo en los momentos en que surge la discordia o algún tipo de malestar anímico, podría sorprendernos. Puede que una noticia en sí misma no tenga la capacidad de voltearnos el estado de ánimo, pero lo que estamos pensado sobre la noticia quizás que sí.

La solución suele pasar primero por la objetividad. Si escuchar “las cifras del paro” me quitan el aliento, quizás descubra que mis pensamientos de despido, pobreza o quedar en la calle se agitan. Con ello empiece a sudar, suba mi ritmo cardíaco y comience a sentir mucho nerviosismo. ¿Y si en ese preciso momento hecho mano de la objetividad?

¿Las cifras generales/nacionales de paro pueden tener el mismo impacto en cada región, cada persona, cada profesión?; ¿Tengo alguna prueba indicadora que estas cifras pueden afectarme en el corto plazo? De ser así ¿Tengo referencias en mi propia historia indicadoras que mi profesión y trabajo se han mantenido incluso en otros momentos de crisis?; ¿significan las cifras del paro que ya no tendré herramientas para afrontar cualquier fluctuación de la economía nacional?; ¿Son las cifras del paro más grandes que las cifras del empleo?; ¿Por qué mi atención se dirige hacia un peligro imaginado o visualizado en vez de hacia soluciones, previsiones o ideas generativas de bienestar?

La invitación es a practicar la objetividad como método productor y mantenedor de salud mental.

Las fuentes que dan imagen de fiabilidad.

En referencia a las fuentes de información en las noticias o contenidos de actualidad, sería útil entender que tipo de datos manejan, porque dentro de sus propios sesgos, parecen concluir causa-efecto en situaciones donde no existe ni tan siquiera correlación.

Un mismo fenómeno debe ser estudiado en distintas fases de su propio desarrollo. No es lo mismo un dato extraído de un estudio de caso único, que de un estudio descriptivo o incluso resoluciones extraídas de un comité experto. Así como tampoco pesaría lo mismo la investigación que se realizó mediante casos controlados o mediante estudios bien diseñados, pero no aleatorizados. Tampoco se pueden extrapolar los resultados de investigaciones con ensayos controlados y aleatorizados con muestras pequeñas versus ensayos controlados y aleatorizados con muestras grandes. La cumbre de esta pirámide suele ser los meta-análisis de ensayos controlados y aleatorizados.

En definitiva, sabiendo cómo se extraen las conclusiones en el ámbito científico, podríamos como ejercicio de humildad, darnos cuentas que tener una respuesta absoluta para todo es muy difícil, sino imposible.

¿Qué tan útil es para mí mantener un pensamiento que es irracional o poco objetivo y que además me lastima, preocupa o estresa?

¿Qué tan difícil resultaría posponer viejos hábitos de pensamiento dañino por esquemas más funcionales?

¿Es tan difícil renunciar a los calificativos, a los extremos de todo o nada, blanco o negro, a lo radical y a las generalizaciones?

Si optamos por la objetividad ya no cabría el descrédito, el prejuicio, estereotipo, discriminación, estigmatización. Si optamos por la objetividad la comunicación violenta, no asertiva desaparece por su poca utilidad.

 

Cómo citar este artículo:
Constenla, M. (13 de enero de 2026). Más allá de tener la razón: el arte de pensar con objetividad. grupoambos.com.
https://grupoambos.com/mas-alla-de-tener-la-razon-el-arte-de-pensar-con-objetividad/

MIGUEL A. CONSTENLA C. autor de este artículo es Psicólogo General Sanitario por la Universidad Europea de Valencia. Estudió el grado en Psicología mención Salud e Intervención en Trastornos Mentales y del Comportamiento en la UNED.
Es especialista en el abordaje cognitivo-conductual de trastornos por depresión, ansiedad, estrés y autoestima, e intervención en trastornos neurocognitivos. Facilitador de programas psicoeducativos para la salud y métodos de relajación integral y creativa.
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Fuentes Consultadas:
Este texto se nutre de los principios generales de la psicología cognitivo-conductual, enfoque que ha aportado una mirada científica y práctica sobre la manera en que nuestros pensamientos influyen en nuestras emociones y conductas.